En el año 70 D.C. se establecen en España, por aquel entonces denominada Hispania, una importante
comunidad de judíos que fueron expulsados de Israel, después de la destrucción de Jerusalén. A esa nueva tierra donde llegaron la denominaron
Sefarad, cuyo significado en hebreo es “lejísimos”, ya que esa apartada tierra del continente se la tenía como el fin del mundo.
El
judaísmo en Europa se estableció en dos ramas, por decirlo así, la más importante y mayoritaria, que suponía la mitad de los
hebreos de toda Europa, era la establecida en la Península Ibérica, a quienes se denominó como
sefardíes; mientras que la otra mitad se dispersaba por el resto de Europa y eran denominados
asquenazíes.
A partir del siglo I se puede hablar de una comunidad judía estable, siendo a partir del siglo VIII cuando la
comunidad judíosefardi se desarrolló en su máximo esplendor a nivel cultural, artístico, etc.., lo que dejó en nuestro país un legado cultural imborrable, siendo
Toledo o
Córdoba dos de las ciudades españolas donde este pueblo dejó mayor huella, ya que su integración fue plena.
Ejemplo de esa integración son las
ordenanzas escritas por los dirigentes de las aljamas de Castilla y León, las cuales creaban un marco social y legal tras las persecuciones contra los judíos de 1.391:
matrimonios,
herencias,
estudios,
tribunales, vestimentas, tributos, liturgias, etc..
Los sefardíes fueron expulsados de España en el año 1.492, con lo cual unos optaron por el bautismo, los llamados
judíos conversos, y el resto decidieron asentarse por la cuenca mediterránea y
Centroeuropa, llevando consigo su cultura, que estaba muy influenciada por la cristiana hispánica. Hasta tal punto, que el idioma más hablado en la Península Ibérica, el castellano, fue perpetuado en las
comunidades sefarditas como una herencia irrenunciable, llegando a ser un idioma cultural, científico y teológico, solamente equiparable al hebreo. Este idioma recibe el nombre de ladino.
Los judíos fueron expulsados de su primera patria,
Jerusalén, y más tarde del territorio de
Sefarad, Hispania, hoy
España, que fue su segunda patria, donde se desarrollaron e integraron durante siglos, llegando a formar
parte de la realidad social de la España de la baja edad media, de tal forma que a pesar de su expulsión continuaron su desarrollo cultural en otros territorios, conservando sus raíces hispánicas, lengua, cultura, etc..
Ejemplo de ello es la música sefardita, la lengua (ladino) o las tradiciones como el
contrato matrimonial o quetubá, sucede el día de la ketubbah, en el que los testigos, padres y familiares se reunían para establecer, en el contrato de matrimonio, las genealogías de ambas familias y las condiciones del enlace conforme a las costumbres y arreglos de las santas comunidades expulsadas de
Castilla. Y ello, aunque parezca mentira, pervive tras superarse los cinco siglos de expulsión y los quince siglos de presencia continua en Hispania, Al-Ándalus, España o Sefarad.
Es por ello, que siglos después
se reconoce a este pueblo la injustica sufrida en el pasado y se otorga a los
descendientes y continuadores de esa cultura que han mantenido durante siglos la oportunidad de ser nacionales del país que en su tiempo expulsó a sus antepasados de las tierras en las que se habían establecido durante siglos.